viernes, 14 de abril de 2017

LAS SIETE PALABRAS DE JESÚS EN LA CRUZ


MENSAJES DE SEMANA SANTA
VIERNES SANTO (3)
 

J
esucristo fue un verdadero Maestro, hasta sus últimos momentos como Hombre en esta tierra. Era notoria Su forma de enseñar con palabras sabias y señales, con autoridad y con amor. Dice el Evangelio que “...la gente se admiraba de su doctrina; / porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.” (San Mateo 7:28,29) Incluso en medio del dolor y la humillación de la crucifixión Él pudo enseñar a Sus seguidores, enemigos, testigos de Su martirio y a nosotros. Hay siete palabras de Jesús desde Su cruz que registraron los evangelistas. He aquí esas palabras Divinas que tanto nos enseñan. 

  1. "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".
“32 Llevaban también con él a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos. / 33 Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. / 34 Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.” (San Lucas 23:34 

Esta oración, fue ofrecida por Cristo para los culpables de su muerte y puede estar dirigida directamente a los judíos y los soldados romanos que en todo momento, se burlaron del sacrificio de Jesús. Son palabras de perdón; Jesús cubre con amor comprensivo la injusticia de Sus opositores y pide a Dios que no les tenga en cuenta este pecado de martirizar y blasfemar contra el Hijo de Dios.  

El Maestro nos da una gran lección de perdón; nos dice que amemos a nuestro prójimo, aún al que nos hace daño, que perdonemos al enemigo y oremos por él. La respuesta humana a la ofensa siempre es el odio y algún tipo de violencia, por último ser indiferentes al enemigo, mas ninguna de esas actitudes es la que el Maestro Crucificado nos enseña. Él quiere que perdonemos y roguemos por los enemigos.


2. "Hoy estarás conmigo en el paraíso"

“39 Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. / 40 Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? / 41 Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. / 42 Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. / 43 Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” (San Lucas 23:39-43 

Uno de los delincuentes crucificados junto a Jesús le insultaba porque no se bajaba de la cruz y los liberaba. Es la actitud que algunas personas tienen frente a los creyentes cuando éstos están pasando por alguna prueba, ponen en duda el poder de Dios y la fe del cristiano porque éste no logra salir de tal situación de desmedro. El otro ladrón, temeroso de Dios y con una clara conciencia de haber pecado, conoce la justicia y reprende al blasfemo. Luego, con gran sencillez y humildad le pide al Maestro que se acuerde de él cuando venga a reinar a la tierra. Este hombre sabe que Jesucristo es el Mesías que pondrá orden en la Tierra y dará a cada uno lo que se merece. La respuesta de Jesús se ha prestado para muchas discusiones, de acuerdo a la doctrina cristiana que se profese. Jesús le asegura que ese mismo día estarán en el paraíso. Esta frase fue la réplica al ladrón arrepentido de sus actos y representa la salvación para toda persona que se arrepiente a tiempo de sus pecados por la fe puesta en Dios.  

Dos elementos debemos considerar en la respuesta de Jesús: lugar y tiempo.  

a)      Estarás conmigo en el paraíso habla del lugar, el espacio al cual ingresarán luego de su muerte; ese lugar es el Cielo, específicamente el Paraíso. Una vez el ser humano disfrutó de comunión con Dios en un paraíso terrenal o Edén; un día todos los que han nacido de nuevo en Cristo, podrán disfrutar del Paraíso eterno, donde no habrá más dolor ni injusticia. Es la recompensa para los justos y creyentes en Cristo. 

b)      Hoy habla de tiempo. Si lo analizamos desde nuestro punto de vista limitado, rígido, natural y materialista, nos resulta ilógico, ya que sabemos que Jesús bajará al lugar de los muertos y que luego de resucitar pasará 40 días con Sus discípulos, antes de ascender a los cielos. Tampoco calza con la idea de un ascenso secreto al Padre, ya que éste se daría luego de la resurrección; y si queremos interpretar que Él se está refiriendo a “entrar en el Reino” o “entrar en la fe”, tampoco es creíble, ya que Jesús ya estaba en el Reino. Entonces sólo queda pensar que ese “hoy” es la eternidad, el tiempo de Dios, el Kairos. 

Creo que cuando Jesús responde al ladrón creyente “hoy estarás conmigo en el paraíso” le está diciendo: Ya que has creído en mi, te prometo que al morir entrarás en la presencia de Dios y estarás para siempre Conmigo, en el Paraíso eterno. 

El Maestro nos da en esta Palabra una gran lección de esperanza, la que surge de la fe en Él, la completa convicción de que es el Camino, la Verdad y la Vida.


3. "Mujer he ahí tu hijo... He ahí tu madre"

“25 Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. / 26 Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. / 27 Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.” (San Juan 19:25-27) 

Junto a la cruz, dice San Juan, que estaban algunas mujeres. En cambio en el relato de San Lucas había muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea. Ambos evangelistas tienen razón; había mujeres mirando desde lejos y también las había cercanas a la cruz. De lo contrario no se habrían dado estas palabras de Jesús. Allí permanecieron junto a Él, su madre María, la hermana de su madre, María de Cleofas y María Magdalena. Probablemente hubo un momento en que éstas cuatro se acercaron a la cruz y Jesús vio a Su madre y a Juan, el “discípulo amado”.  

Jesús va a morir y le preocupa el futuro de Su madre como también de aquel seguidor tan joven. Entonces le dice a Su madre: “Mujer, he ahí tu hijo” Lo hace así para que éste ocupe el lugar que Él dejará vacío, para que ella reciba consolación y cuidado. Se subentiende que el padre humano de Jesús, José, ya no vive, por tanto ella es una viuda que necesitará alguien joven a su lado. Nótese que no trata a María de “madre” sino de “mujer”, quitando todo sentimentalismo de Su relación con ella. 

Luego indica algo similar al discípulo: “He ahí tu madre” En adelante San Juan deberá hacerse cargo de la madre de Jesús y cuidarla como si fuera su propia mamá, en tanto ésta viva. No es necesario espiritualizar este pasaje bíblico atribuyéndole otros sentidos para la Iglesia y los cristianos. La gran misericordia de Jesús se resalta en esta preocupación Suya por Su madre y discípulo. Aún en momentos de tanto dolor, Él fue capaz de pensar en Su prójimo. 

El Maestro nos da en esta Palabra una gran lección de misericordia para con sus seres más cercanos, que son la familia y discípulos. Nos enseña a tener la misma preocupación por nuestras madres, padres, hermanos, hijos, esposas, esposos, etc., hermanos en la fe y amigos.


4. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?"

“45 Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. / 46 Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? / 47 Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste.” (San Mateo 27:45-47) 

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde se oscureció la tierra, es decir hubo oscuridad durante todo el tiempo de la crucifixión de Jesucristo. La escena que describe este versículo muestra a Jesús como Hombre, preguntando al Padre por qué le ha desamparado. En hebreo dice “Elohi, Elohi, lĕma' šĕbaqtani”. Pero en verdad no es una queja sino una oración contenida en los Salmos: 1 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? / 2 Dios mío, clamo de día, y no respondes; Y de noche, y no hay para mí reposo.” (Salmos 22:1,2) 

Cristo se entregó en sacrificio por el bien de la Humanidad pero en Su naturaleza humana se siente abandonado. Desde un punto de vista teológico, Dios está castigando en Jesús Hombre todo nuestro pecado, por tanto le abandona. Si consideramos la gran fe del Señor, podemos admirar cómo Él enfrenta el dolor con oración, dirigiéndose a Su Dios. 

El Maestro nos da en esta Palabra una gran lección de fe en el Padre, confiando a Él todo Su dolor por el pecado de la Humanidad.

 

5. "Tengo Sed"

“28 Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. / 29 Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca.” (San Juan 19:28,29 

Uno de los mayores tormentos para un crucificado era la sed, la que representa la ansiedad que vivió Jesús en la cruz. Hay una sed fisiológica y también una sed espiritual. Siempre decimos que el ser humano tiene sed de Dios, pero ¿cuál será la sed de Dios y en este caso la verdadera sed de Jesucristo? El deseo de que los hombres se vuelvan de su mal camino, se arrepientan y vuelvan a Dios. La mayor sed de Jesús es nuestra salvación, recuperar las almas de los que están perdidos; que Su sacrificio no sea vano. Allí en la cruz experimentó con mayor potencia esa sed divina. 

El texto se inicia diciendo que Jesús sabía que Su misión ya estaba consumada. El hecho de que se le diera beber vinagre o vino agrio, resalta la idea de la copa amarga que tuvo que soportar nuestro Salvador para cumplir Su misión.  

El Maestro nos da en esta Palabra una gran lección de obediencia al Padre y a Su vocación por las almas. Nos invita esta Palabra a hacer de la sed espiritual de Cristo nuestra propia sed.


6. "Todo está consumado"

“Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.”  (San Juan 19:30 

Se interpreta la proclamación en boca de Cristo del cumplimiento de las Sagradas Escrituras en Su persona. Cristo fue consciente de que había cumplido con su misión redentora y con la voluntad de Su Padre. La captura, juicio y crucifixión son horas de enorme sufrimiento, soledad y muerte. Dios entró en la Historia humana para salvarnos y tuvo que sufrir el castigo y el abandono de Dios por causa de los pecados de la Humanidad, como la Escritura lo había profetizado: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.” (Isaías 53:5) 

El Maestro nos da en esta Palabra una gran lección de cumplimiento de la misión. Del mismo modo debemos cumplir nosotros la comisión que nos ha dejado de proclamar Su Evangelio y hacer discípulos.

 

7. "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu"

“44 Cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. / 45 Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por la mitad. / 46 Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.” (San Lucas 23:44-46) 

Es la última frase de Cristo en la cruz, con la que finalmente expira y muere. Luego de haber vivido como Hombre y demostrado en Su vida todo el amor de Dios; luego de haber predicado la Buena Nueva del Reino y formado discípulos para el anuncio y construcción de ese Reino; luego de haber sufrido el desprecio de Su pueblo y el abandono de Dios en la cruz; luego de representarnos en ese martirio por nuestras culpas; Él ya ha finalizado Su misión en este mundo y entrega Su espíritu al Padre de los espíritus. 

Tras aquel momento, la cortina del Templo se rasgó y un fuerte temblor sacudió al monte Calvario y sus alrededores. El significado espiritual que este hecho tiene es el de abrir un camino expedito para que cualquier ser humano con fe en Cristo y espíritu humilde de arrepentimiento, pueda acceder al Padre: “19 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,  / 20 por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,  / 21 y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,  / 22 acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.” (Hebreos 10:19-22) 

 

BIBLIOLINKOGRAFÍA.

·         Reina, Casiodoro de (1960). “La Santa Biblia” Estados Unidos: Broadman & Holman Publishers.
·         MacArthur, John. (2011). “Biblia de Estudio MacArthur” Estados Unidos: Thomas Nelson Inc. 
·         (1979). “Dios Habla Hoy, La Biblia Versión Popular” Sociedades Bíblicas Unidas.
·         (1960). “La Santa Biblia” Sociedades Bíblicas Unidas. Recuperado de: http://www.gentle.org/biblia/
·         “Nuevo Testamento, Edición Pastoral” Chile, Ediciones Mundo, 1974.
·         “Diccionario de la Real Academia de la Lengua de España” Disponible en: http://www.rae.es/
·         Concordancia electrónica de la Biblia” Disponible en: http://www.miconcordancia.com/concordancia.php
·         Rizo Martínes, José L. “Diccionario Bíblico” Recuperado de: http://es.scribd.com/doc/50636670/Diccionario-Biblico-Jose-L-Rizo-Martinez#scribd
·         (1966, 1970, 1979, 1983, 1996) Dios habla hoy” ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, Disponible en: https://www.biblegateway.com/versions/Dios-Habla-Hoy-DHH-Biblia/
·         http://www.netjoven.pe/actualidad/147750/Semana-Santa-2014-Cuales-fueron-las-7-palabras-de-Jesus-en-la-cruz.html

 

 

 

domingo, 9 de abril de 2017

DISCÍPULOS DE JESUCRISTO, EL REY.





 
 
MENSAJES DE SEMANA SANTA

 

DOMINGO DE RAMOS (3)

Entrada triunfal en Jerusalén. 

 “1 Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos, / 2 y les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo. / 3 Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo necesita, y que luego lo devolverá. / 4 Fueron, y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron. / 5 Y unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino? / 6 Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron. / 7 Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él. / 8 También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino. / 9 Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! / 10 ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!”
(San Marcos 11:1-10)

 

B
etfagé se ubica en el Monte de los Olivos, en el camino de Jerusalén a Jericó, aproximadamente a un kilómetro de Jerusalén. Es cercana a Betania. Al acercarse Jesús y los Doce a la Ciudad Santa, Él envió a dos de ellos a la aldea más cercana. Encontrarían un pollino amarrado, es decir un asno joven y sin domar. El mismo Maestro señala esta característica del animal, jamás ha sido montado, lo cual implicaría que éste podría no aceptar que alguien subiera en sus lomos. Los discípulos tendrían que desatarlo y llevarlo a Jesús. Les indica que si alguna persona los detiene y pregunta por qué hacen eso, deberían decir porque “el Señor lo necesita, y luego lo devolverá.” Jesús no había tratado con anticipación el préstamo del burro. 

En este pasaje de la Escritura, Jesucristo se nos presenta como el Rey que viene a tomar posesión de Su Reino. Jerusalén es la capital de ese Reino. Así se cumple la profecía de Isaías: “10 Pasad, pasad por las puertas; barred el camino al pueblo; allanad, allanad la calzada, quitad las piedras, alzad pendón a los pueblos. / 11 He aquí que Jehová hizo oír hasta lo último de la tierra: Decid a la hija de Sion: He aquí viene tu Salvador; he aquí su recompensa con él, y delante de él su obra. / 12 Y les llamarán Pueblo Santo, Redimidos de Jehová; y a ti te llamarán Ciudad Deseada, no desamparada.” (Isaías 62:10-12) La reacción de los discípulos como de la multitud que recibe a Jesús en Jerusalén, nos enseña sobre la correcta actitud que debemos tener frente a este Rey y Señor nuestro, como Sus discípulos. 

¿Cuál es la correcta actitud de un discípulo ante Jesucristo Rey? 

1.      Una actitud de obediencia a Su Palabra.

“1 Cuando se acercaban a Jerusalén, junto a Betfagé y a Betania, frente al monte de los Olivos, Jesús envió dos de sus discípulos, / 2 y les dijo: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego que entréis en ella, hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado; desatadlo y traedlo. / 3 Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo necesita, y que luego lo devolverá.” (San Marcos 11:1-3) 

Tal como les ordenó Jesús, lo hicieron estos discípulos. A esa altura del ministerio ellos habían aprendido la obediencia al Maestro. La sujeción al que nos enseña el Camino es esencial en la relación maestro-discípulo, para lograr un verdadero cambio. Si no somos sujetos al tutor, al pastor o líder, en fin al Cuerpo de Cristo, no estaremos viviendo en forma auténtica la sumisión al Señor que tanto pregonamos. Estos discípulos obedecieron a una orden simple: ir a buscar un burro a una aldea que no era la suya en una casa extraña, un animal que no les pertenecía.  

¿Cómo podía el Maestro encargarles que robaran un animal y se lo trajeran tan fácilmente? Si un pastor nos mandase hoy día algo así, de seguro que lo criticaríamos, cuestionaríamos su moralidad, pondríamos en tela de juicio su lucidez, visión, teología y autoridad. No haríamos lo que nos dice y quizás abandonaríamos su iglesia. Pero estos discípulos obedecieron fielmente, no cuestionaron porque confiaban en su Maestro, tenían fe en Él.  

La correcta actitud de un discípulo ante Jesucristo Rey es de obediencia a Su Palabra. 

2.      Una actitud de sumisión a Su autoridad.

“4 Fueron, y hallaron el pollino atado afuera a la puerta, en el recodo del camino, y lo desataron.” (San Marcos 11:4) 

Tal como el Señor les advirtió sucedió, pues Jesús es Omnisapiente; Él sabía que les preguntarían la razón de llevarse el animal. Aunque también era lo más probable que así sucediera. Haga la prueba usted de entrar a la casa de un vecino, sin pedir permiso y llevarse su perro. Lo más probable es que los dueños salgan persiguiéndolo no muy contentos. Dice el Texto que “Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron.” Creo que este es un primer hecho milagroso en este relato. Con tan sólo decir “el Señor lo necesita, y luego lo devolverá” fueron tocados los corazones y convencidas las mentes de esos hombres y permitieron de inmediato que se llevaran al pollino.  

La correcta actitud de un discípulo ante Jesucristo Rey es de sumisión a Su autoridad.
 

3.      Una actitud de fe en Su Omnisciencia.

“5 Y unos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino? / 6 Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron. /7 Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él.” (San Marcos 11:5-7) 

¡Ay, si los cristianos de hoy fuéramos más sumisos al Señor y mejor sujetos a los pastores, cuántos milagros sucederían! El problema es que nos falta espiritualidad y vemos muchas cosas desde el punto de vista material y pragmático, la mucha ciencia del mundo de hoy nos ha secado la fe. Pasamos todo por el cedazo de la mente y no permitimos que actúe la fe. Los discípulos fueron obedientes al mandato del Señor, hicieron tal como Él les ordenó, sin oposición, y el poder de Dios fluyó. Creyeron a Jesús aunque ello iba contra toda lógica humana. Es bueno ser lógicos en asuntos de la vida natural pero cuando se trata de las cosas del Reino es preciso superar la lógica y dar cabida a lo sobrenatural. 

La segunda parte del relato nos ofrece otro pequeño gran milagro. Le trajeron el pollino al Rabí Jesús, le cubrieron con unos mantos y Él se sentó sobre el burrito, el cual siendo un asno joven y sin domar, no tuvo conducta violenta ni rechazó el cuerpo del Maestro, como lo habría hecho cualquier animal de su condición. No siempre reparamos en este detalle. La autoridad de Jesucristo sobre cualquier animal, vegetal o elemento de la creación, Su creación, se demuestra una vez más aquí. Recordemos el caso de la higuera que no daba frutos y Él ordenó secarse, o la moneda para tributo encontrada en el vientre de un pez, o la tormenta aplacada, etc. Ante la presencia del Señor todos se someten, sean hombres, animales, seres vivos o elementos naturales. Su autoridad Divina produce calma, paz, tranquilidad.  

Quien tenga esa autoridad delegada por Dios también provocará el mismo efecto. Es una autoridad que no se puede crear humanamente, inventar, parodiar o teatralizar; sino que se deja ver en quien tiene una auténtica relación íntima permanente con Dios. Una rica vida devocional, una genuina fe y entrega al Señor producen en el cristiano la autoridad espiritual que domina el carácter propio, las reacciones de los demás y sujeta otras vidas al Cuerpo de Cristo. El Señor se sentó sobre este pollino, joven y sin domar, y dominó de inmediato su rebelde carácter animal. ¿No se dice de alguien porfiado que es como un burro?  

La correcta actitud de un discípulo ante Jesucristo Rey es de confianza o fe en Su Omnisciencia.
 

4.      Una actitud de adoración ante Su Majestad.

“8 También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino.” (San Marcos 11:8) 

Ya Jesús sentado sobre el pollino, se dispone a entrar en Jerusalén, cual lo haría un rey victorioso, dispuesto a tomarse la ciudad. Cumplíase así la profecía que dice: “Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.” (Zacarías 9:9) Se reunió alrededor una multitud de pueblo que tendían mantos en el suelo para que pasara el Rey de Reyes sobre ellos. Otros cortaban ramas de los árboles propios de la región, sobretodo palmas y las tendían en el camino. Esta actitud de respetuoso fervor y reconocimiento hacia el Señor es la que todo cristiano debe tener siempre en la oración personal o comunitaria. Él merece ser adorado como un Rey, nuestro Rey Celestial. ¿Por qué habremos de dejar sólo a los ángeles y seres celestiales que le adoren en los cielos y nosotros permanecer indiferentes aquí en la Tierra? Con mayor razón debemos adorarle los humanos pecadores que hemos sido perdonados con tanta misericordia de Su parte. Él nos redimió, dio Su vida por nosotros a pesar de nuestra maldad. Se merece toda la gloria y la adoración de Su pueblo libertado. Esa entrada triunfal en Jerusalén es el preámbulo a Su victoria en la Cruz del Calvario.

La correcta actitud de un discípulo ante Jesucristo Rey es de adoración ante Su Majestad. 
 

5.      Una actitud de súplica ante Su Omnipotencia.

“9 Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! / 10 ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!” (San Marcos 11:9,10) 

La multitud fervorosa gritaba “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!” La expresión “hosanna” significa “Salva, te rogamos”. Implica pedir ser salvados ahora, es una petición de ayuda: “Oh Jehová, sálvanos ahora, te ruego; Te ruego, oh Jehová, que nos hagas prosperar ahora.” (Salmos 118:25) Ellos gritaban así como una oración de súplica, para que el Mesías trajera la salvación a Israel. Probablemente ellos esperaban una liberación física, política, del imperio de Roma. ¡Cuán equivocados estaban en lo que esperaban! Nos hace pensar en aquellos hermanos e iglesias que esperan hoy día la salvación de la sociedad por medio de cambios políticos. Sería conveniente que escucharan la respuesta de Jesús a Poncio Pilatos: “Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.” (San Juan 18:36) El Reino de Dios es el gobierno espiritual de los corazones humanos. Ese Reino llegaba a establecerse definitivamente en la Humanidad y era recibido con vítores. 

Cuatro exclamaciones se registran en el Evangelio de Marcos:

1.      “¡Hosanna!” Petición de salvación al Rey Salvador, Mesías (hebreo) o Cristo (griego).

2.      “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” Es un Rey que viene en el nombre de Dios, con Su autoridad y atributos. Para los judíos el nombre es algo más significativo que para nosotros. No es una simple “representación” de alguien, sino que el nombre contiene toda la persona.

3.      “¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene!” Consideraban que venía en el nombre del rey David pues de hecho pertenecía a la casa de David, era descendiente de él. Al entrar Jesús en Jerusalén, entraba el reino de David.

4.      “¡Hosanna en las alturas!” La petición de salvación se eleva a los cielos, hasta Dios. Los cielos mismos pronuncian y ruegan ese “hosanna”. 

Las cuatro exclamaciones concuerdan y son el anhelo de Israel que quería ser liberada de la opresión tiránica de Roma, como también deseaba el cumplimiento de la profecía mesiánica. En cierto modo es también la exclamación de nuestros corazones al iniciar esta Semana Santa, que es el recordatorio o memorial de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Recordamos este domingo la entrada de nuestro Rey, Señor y Salvador a la ciudad que lo apresaría, condenaría a muerte, torturaría y clavaría en una cruz. Sabemos que esos hechos tan dolorosos serían necesarios para el lavamiento de nuestros pecados, el perdón y la salvación de las almas de quienes hemos creído en Él como Salvador y Señor de nuestras vidas.   

La correcta actitud de un discípulo ante Jesucristo Rey es de súplica ante Su Omnipotencia.

 

CONCLUSIÓN.

La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén es la celebración de la venida de Su Reino a esta Tierra. Es el inicio de la Semana Santa con el llamado Domingo de Ramos. De este suceso podemos aprender cuál es la correcta actitud de un discípulo ante Jesucristo Rey, a saber: 1) Una actitud de obediencia a Su Palabra; 2) Una actitud de sumisión a Su autoridad; 3) Una actitud de fe en Su Omnisciencia; 4) Una actitud de adoración ante Su Majestad; y 5) Una actitud de súplica ante Su Omnipotencia.

 

PARA TRABAJAR EN EL CENÁCULO:

1)      ¿Cuál es, a su juicio, la principal actitud que debe tener un discípulo?

2)      ¿Qué haría usted si un pastor o discipulador le ordenara algo descabellado?

3)      ¿Es más importante ser sumisos al Señor que sujetos a los pastores?

4)      ¿Cuál es la causa del actual deterioro de la fe?

5)      ¿Cómo se puede desarrollar la autoridad espiritual?

6)      ¿Es la adoración una tarea reservada sólo a los ángeles?

7)      ¿Cree que se puede alcanzar la salvación de la sociedad por medio de la participación política de los cristianos?

8)      ¿Qué pensaba y esperaba de Jesús la multitud que lo recibió en Jerusalén?

9)      ¿Por qué la multitud exclamó “¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene!”?

10)  ¿Qué es la Semana Santa y qué importancia tiene?

11)  ¿Qué petición le hará al Señor esta Semana?

 

 

BIBLIOLINKOGRAFÍA.

 

domingo, 31 de marzo de 2013

DOMINGO RESURRECCIÓN.


 
Jesús resucita y las mujeres encuentran la tumba vacía.
 

“1 El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. / 2 Y hallaron removida la piedra del sepulcro; / 3 y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. / 4 Aconteció que estando ellas perplejas por esto,” San Lucas 24:1-4


La tumba había sido cavada en la roca y aparentemente contenía una sola caverna. Una piedra enorme fue rodada en una huella ligeramente deprimida a la entrada. El peso de la piedra era de entre 1,5 tonelada, es decir 1.500 kilos.

El primer día de la semana hebrea es el domingo. Ya ha pasado el día de reposo y vienen las mujeres a ungir el cuerpo de Jesús. Aún está oscuro. Se sorprenden cuando ven quitada la piedra que hacía de puerta de la tumba.

Quien va al cementerio a visitar un deudo, espera encontrar todo en orden. Lleva flores, en señal de recuerdo, dispuesto a elevar una oración de gratitud a Dios por lo que fue esa vida para él o ella, y quizás a recordar con alegría, pena o nostalgia, aquellos tiempos disfrutados en el pasado. Un pobre consuelo para algunos, una esperanza para nosotros pues un día volveremos a encontrarnos con aquellos que partieron con el Señor.

Pero, imagínese usted, cómo reaccionaría si un día encontrase esa tumba vacía y sin el cadáver. Más aún, el ataúd abierto y ordenadamente las ropas del muerto adentro. Como aquellas mujeres, perplejo. Lo primero que haría sería ir a reclamar a las oficinas del cementerio. Pensaría que robaron al difunto o que lo lanzaron a la fosa común por no pago.

Frente a situaciones extraordinarias, fuera de lo común o inesperadas, no sabemos qué hacer, quedamos confundidos porque no nos podemos explicar la razón, dudamos de lo que se debe hacer. Es decir nos quedamos perplejos. Así es la reacción de cualquier ser humano frente a la resurrección. ¡Es algo increíble! No se puede creer que alguien vuelva de la muerte. ¡Es inverosímil! No puede ser verdadero. Es tan evidente que la muerte es definitiva, que nadie vuelve para contarlo, que humanamente nuestra carne se resiste a creerlo. Así es nuestra reacción frente a lo extraordinario y enigmático, aún teniendo fe ¡Cuánto más será para los incrédulos!

Esa piedra removida representa nuestra incapacidad para creer en lo sobrenatural, lo anclados que estamos a esta realidad terrena de vida y muerte, que sólo vemos una tumba vacía. Para ver a Jesucristo Resucitado necesitamos de algo más que argumentos, los ojos de la fe.

El verso 3 dice que “entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús”. Ateos y agnósticos han levantado algunas falsas teorías acerca de la resurrección, pero es imposible que Jesús estuviera vivo después de la crucifixión, y si hubiera sido así los soldados romanos se habrían dado cuenta. En otras palabras, si Jesús fue muerto, ¿Quién tiene el cuerpo? Todo lo que tenemos es un sepulcro vacío.  La ausencia del cadáver de Jesús representa la curiosidad humana y la necesidad de una explicación plausible al gran misterio de la muerte y de la vida.

Los versos 4 y 5 anotan: “Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; / y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”

Sólo la intervención Divina puede hacernos ver la realidad de lo que experimentamos. Las mujeres, al ver estos varones iluminados, de inmediato comprendieron que eran seres sobrenaturales. Su reacción fue agacharse reverentemente ante ellos. ¿Qué haríamos nosotros si se nos apareciera un ángel? ¿Cuál sería nuestra reacción? Creo que la misma, un temor reverente, pues estaríamos frente a seres muy cercanos a Dios, santos, puros y con cierto grado de poder, mayor al nuestro.

Las mujeres requerían, como los apóstoles, esta intervención angélica, para comprender por qué la tumba estaba vacía. Igualmente todo ser humano necesita de una intervención del Señor para entender sus sufrimientos, pérdidas, dolores.

La pregunta que hicieron los ángeles a ellas es como un aguijón: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?” Ellas buscaban en la tumba vacía del cementerio al que estaba vivo. ¡Cuánto tiempo buscamos entre los que están muertos en tinieblas de pecado, la vida! Allí, en el vicio, en el juego, en la droga, en la juerga, en el sexo desordenado, en el dinero, en la fama, en el poder, en la ciencia humana… no está la vida eterna. Tampoco en los ídolos religiosos, en los iconos mudos, al que muchos éramos arrastrados por el diablo.

Nosotros también podemos caer en ello y buscar entre los muertos al que vive. Líbrenos el Señor de desviar nuestro camino del Evangelio hacia otros senderos, el lugar de los muertos, el cementerio espiritual. Cada uno sabe dónde está el peligro para su vida.

En la tumba vacía del dolor, podemos encontrarnos con la Divinidad, por medio de la fe. La presencia de ángeles representa la necesidad del ser humano de la explicación Divina.

El Evangelista San Marcos, registra tres veces en su Evangelio que Jesús les habla a los discípulos acerca de su muerte y posterior resurrección:

a) Luego de la confesión de Pedro acerca de la Divinidad de Jesús, y antes de su reconvención, cuando el Maestro tuvo que reprenderle: “Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.” (San Marcos 8:31)

b) En la transfiguración, al bajar del monte, les habló así: “Y descendiendo ellos del monte, les mandó que a nadie dijesen lo que habían visto, sino cuando el Hijo del Hombre hubiese resucitado de los muertos. / Y guardaron la palabra entre sí, discutiendo qué sería aquello de resucitar de los muertos.” (San Marcos 9:9,10)

c) Cuando subían a Jerusalén, en la última Pascua, antes de Su Pasión: “Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Jesús iba delante, y ellos se asombraron, y le seguían con miedo. Entonces volviendo a tomar a los doce aparte, les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer: / He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles; / y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará.” (San Marcos 10:32-34)

La tumba vacía es la comprobación de estas palabras de Jesús. El Señor ha resucitado, ha muerto por los pecadores como un Cordero en sacrificio. Él murió por todos nosotros. Al término de esta semana santa nos encontramos con Jesús Resucitado, el Hijo de Dios que tiene todo poder y autoridad, al cual podemos dirigirnos con absoluta confianza. Jesucristo, día a día, acompaña y vive en el creyente.

Queridos hermanos, familiares y amigos: ¡Feliz Pascua de Resurrección! Hemos hecho unidos en espíritu el camino de la pasión, muerte y resurrección del Maestro Jesús. Gracias por habernos acompañado en este camino de fe. Sólo deseamos que estos mensajes hayan sido provechosos para ustedes y les ayudaran a  acercarse un poco más a Jesús, el Señor.

sábado, 30 de marzo de 2013

SABADO SANTO.


 
Jesús desciende al lugar de los muertos y anuncia la salvación.
 

“Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? / El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.”
Efesios 4:9,10
 

Un gran silencio se cierne hoy sobre la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque Jesucristo ha muerto. Pero los cristianos decimos que “está durmiendo”. Sin embargo distintos pasajes de la Escritura nos indican que se ha dormido y ha despertado a los que dormían desde hace siglos...

El Credo Apostólico, formulado en el siglo V, proclama que Cristo "descendió a los infiernos". Este descenso no se refiere al Infierno propiamente tal sino al "sheol" (nombre hebreo), "hades" (nombre griego) o “ínferos” (nombre latino)  que significa "partes Inferiores". Es el descenso de la parte espiritual de Jesucristo, ya separada del cuerpo por la muerte.

En ese lugar esperaban las almas de los justos muertos antes de Cristo. Allí estaban la multitud de hombres y mujeres santos de la Antigüedad, como Abraham, Isaac, Jacob, Rut, Sara, Moisés, David, etc. esperando la salvación. El propósito de Cristo al descender al lugar de los muertos fue liberar a los justos anunciándoles la salvación.

Jesús no bajó para liberar a los condenados ni para destruir el infierno de la condenación, sino para liberar a los justos que le habían precedido.
 
Los Evangelios nada dicen sobre esto sucedido entre la muerte de Cristo y Su resurrección. Son los apóstoles Pedro, Pablo y Juan quienes nos hablan de ello en los siguientes textos.

El día de Pentecostés, así se refiere el apóstol Pedro a Jesús: “al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella.”  (Hechos 2:24) La muerte no podía retener en el Sheol o lugar de los muertos al Salvador, por tanto este se levantó en cuerpo, alma y espíritu, y resucitó.

También dice que el rey David “viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.” (Hechos 2:31) Este rey de la Antigüedad hebrea tuvo una visión del Cristo que se levantaba del lugar de los muertos, no sufriendo su cadáver descomposición.

San Pablo escribe acerca de una región de los muertos, un submundo debajo de la tierra que también hubo de reconocer el señorío de Jesucristo: “para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;” (Filipenses 2:10)

En su primera carta Pedro es más explícito en cuanto a esta última misión del Salvador en el lugar de los muertos, cuando explica: “18 Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; / 19 en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, / 20 los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua.”  (1 Pedro 3:18-20)

Jesús conoció la muerte como todos los hombres y se reunió con ellos en la morada de los muertos. Pero descendió como Salvador proclamando la buena nueva a los espíritus que estaban allí. El descenso es el pleno cumplimiento del anuncio evangélico de la salvación; es la última fase de la misión mesiánica de Jesús. Esta misión implica dos cosas: a) Anunciar libertad a los justos que se encontraban en el Sheol; y b) Proclamar a los “espíritus encarcelados” o ángeles desobedientes, Su victoria definitiva sobre Satanás. Jesús liberó sólo a los justos, ya que por principio mientras hay vida hay esperanza, no después de ella, y después de la muerte sólo hay juicio.

Jesucristo bajó a las profundidades de la muerte para que los hombres justos muertos oyesen la voz del Hijo de Dios y vivieran. Jesús, dador de vida, aniquiló al Diablo y libertó a cuantos, por temor a la muerte, estuvieron sometidos a la esclavitud del pecado. En adelante, Cristo resucitado tiene las llaves de la muerte y del Hades: “y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.” (Apocalipsis 1:18)

Este último pasaje que citaremos se refiere a que Cristo le arrebató al diablo la autoridad que tenía sobre los millones de almas del Antiguo Testamento cuando descendió al Hades: “Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? / El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.” (Efesios 4:9,10)

La Palabra de Dios dice que el Señor descendió a las partes más bajas de la tierra para liberar a los justos de la Antigüedad y proclamar que Satanás fue vencido y humillado por Él, que en Su resurrección habría de subir vencedor al trono de Dios.

Valoremos la magnífica obra de Jesucristo, quien se preocupó no sólo de las personas de su época, predicándoles el Evangelio de amor y salvación, sino que también de los que antes de Él habían buscado y obedecido sinceramente a Dios. Pero, además, Su mensaje es para todas las generaciones posteriores, hasta nuestros días. Ya no es necesario que Jesús ni nadie vayan al Sheol para salvar almas, pues todos han tenido alguna vez en la vida la oportunidad de escuchar el Evangelio.

Queridos hermanos: Es muy importante que transmitamos pronto a nuestras familias y amistades el mensaje de Jesús, ya que la oportunidad es en esta vida. Después de la muerte sólo espera el juicio. Jesús ya bajó al lugar de los muertos y ahora está en los cielos. Cuando Él vuelva ya no lo hará como Salvador sino como Rey y Juez. Hoy es el día de creer y alcanzar salvación.